![]() |
| Elisabeth Peyton |
Hace
unos días viví un lamentable episodio ingiriendo dos chupitos de un brebaje de alcohol de hierbas. Me perdí en las lagunas de mi memoria y dejé mucha dignidad en el camino. Llevo varios días tomando conciencia de esta inercia y me cuestiono.
¿Disfruto con su sabor o es un fiel compañero
que esconde algo mas profundo?
En mi caso el proceso es claro. Bebo, luego me
transformo.
¿Qué es lo que quiero alterar? El estado real de mi ser.
¿Y por qué querría
modificar lo auténtico, lo que es?
Supongo que hay algo que me incomoda o que no quiero mostrar. Como si mostrarme tal como soy no fuera lo
suyo. Como si hubiera algo que esconder o algun vacío que llenar. Una suerte de vergüenza o inseguridad
que me pulsa a sorber compulsivamente. Lo cierto es que disfruto bebiendome una cerveza o una copa de champán pero
sé que en otra circunstancia que no fuera social no me acordaria. Porque de una forma espontánea disfruto más tomándome un té o un zumazo.
¿Así que me sirvo del alcohol para cambiarme?
Es interesante darme cuenta que consumir alcohol en actos sociales me
trae una euforia inconsciente útil para salvar la intimidad de mi propia trama.
Menos mal que el cuerpo se manifiesta y señala con sabiduría el camino de nuestras necesidades reales. No mas sorbos ni artificios. Amen.
![]() |
| Alex Katz |


No hay comentarios:
Publicar un comentario