05 abril 2014

miedo infantil

De niña quedé hechizada por la imagen del señor Ebenezer en la vieja portada de un cuento de invierno. 
Enmudecí con su réquiem aterrador. 
El áspero aliento de sus susurros se colaba entre mis sábanas atravesando mis sueños.
Viví encadenada a su espectro sintiendo que llegaría esa misma noche. 
Acostada, en la oscuridad, abría y cerraba los ojos encogiendo mis pies, temiendo la garra de sus uñas. 
Conocí al fantasma del miedo avivando los latidos temblorosos de los niños, atravesando las estaciones del frío, viajando en tren a Rumanía..................................................................
El señor Ebenezer Scrooge en Cuento de Navidad  de Charles Dickens
El miedo nace de la desconexión con nuestra esencia. Nos condiciona, limita, engaña, restringe, confunde, empequeñece y distorsiona de lo real.  Impide experimentar lo que verdaderamente somos limitando el desarrollo de nuestro potencial. Creemos en todos nuestros miedos porque nos identificamos con el ego. Esto es fácil de entender, pero llevarlo a la práctica requiere trabajar la observación, la atención y la meditación con una actitud disciplinada y compasiva. ¿Somos lo suficientemente disciplinados para ser libres? 
Una creencia puede ser reconfortante, pero sólo cuando la experimentas llega a ser liberadora.
Por eso el miedo, más allá de cualquier técnica o terapia que nos pueda ayudar, solo se trasciende a través de un trabajo individual, interior y profundo que comienza con la decisión y el compromiso de vivir cada instante conscientemente, de vivir en el ahora. Esta forma de vida nos hará conectar poco a poco con nuestra verdadera esencia, con el Amor. Y en este camino hay que ser compasivos y pacientes.


Gracias a las actrices Maribel Luis y Pilar Matas por inspirarme a escribir este texto escenificando el terror del miedo con tanto arte en MBIG de la Pensión de las Pulgas.
  
            
                                                                   D.P.B.


                                             

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